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15/09/2013

La corrupción en Venezuela








  El origen del problema de la corrupción está arraigado en lo más profundo de la cultura del venezolano: "El error está en que la viveza de la gente es celebrada en este país, sin importar si con su forma de actuar infringe o no la ley". 
  Por eso cree que la lucha debe tener dos objetivos claros: acabar con la impunidad, a través de sanciones que sirvan de ejemplo; y educar, para que la ciudadanía deje de ser indiferente ante este flagelo. El plan está, dice, en lograr que la ciudadanía deje de ver al corrupto como a "un vivo" y lo reconozca como lo que es: un delincuente.
 El gran problema proviene de que somos un 'petroestado'. La mayoría de nuestros recursos provienen de la explotación petrolera, lo que agrega un componente un tanto mágico a la sociedad. El precio del barril no está relacionado a nuestro esfuerzo, así que si ganamos más o menos no dependerá de si trabajamos más o menos. Al final, nos sentamos a esperar para ver cuánto ganamos y luego para ver de cuánto nos podemos apropiar.
 Existe un segundo factor que está muy arraigado en el patrón cultural del venezolano: el llamado 'pájaro bravismo'. Esto tiene que ver con esa suerte de viveza criolla que toca todos los aspectos de nuestras vidas, incluyendo el manejo de los recursos públicos. Es por esto que el corrupto no es percibido muchas veces como un delincuente, sino como 'un vivo' o alguien astuto.
  En nuestro país existe un gran nivel de impunidad ante la mayoría de los delitos de corrupción: tráfico de influencias, soborno, malversación de fondos, nepotismo, el 'chapeo' (que es una suerte de extorsión). Aquí, en general, no hay castigo. En Venezuela, por ejemplo, corre libre el patrimonialismo: aquí no diferenciamos entre los bienes públicos y los privados. Esto lleva al funcionario a apropiarse del dinero público sin mayores problemas, con impunidad y el beneplácito del resto de la sociedad.
  Aquí no hay ni condena social para los corruptos. No hay castigo legal, pero tampoco moral. El corrupto asciende socialmente, económicamente, se muda, compra carro, pone a los niños en el colegio que está más moda. En fin, se conecta socialmente e inmediatamente se compenetra con las élites de poder.
  Todo esto está relacionado con un modelo cultural donde se impone la cultura del lucro, el consumismo, el dinero fácil. Todo esto es funcional para la cultura capitalista, que promueve la competencia, la compulsión al consumo, el afán de lucro, el egoísmo, el individualismo. Así se promueven mecanismos corruptos de adquisición de bienes.
  Hay que educar a la sociedad, con apoyo de los colegios y también de los medios de comunicación. Pero junto a esto tenemos que acabar con la impunidad, acabar con la lenidad que existe ante los delitos de corrupción. Tiene que haber sanción ejemplar, que incluya una sanción moral. Se necesita un cambio del sistema de valores, para que no se miren con indiferencia los casos de corrupción. Esta indiferencia no hace más que flexibilizar la norma. Si no existe sanción, entonces no es malo lo que se está haciendo. Si no hay sanción, entonces legitimamos estos comportamientos, legitimamos al corrupto.

Maryclen Stelling

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