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03/07/2017

La Inteligencia Emocional en los Educadores


Nosotros los educadores, tenemos la dicha de ser recordados (bien o mal…) por muchas personas por mucho tiempo.









Los maestros que pasan por nuestras vidas nos van marcando. Muchas veces, sin darnos cuenta, son modelos que vamos imitando. Todos tenemos en la memoria algún docente que nos ha marcado de manera positiva o negativa.

Nosotros los educadores, tenemos la dicha de ser recordados (bien o mal…) por muchas personas por mucho tiempo.

Nos volvemos referentes de actitudes, comportamientos, emociones y sentimientos. Vamos ayudando a nuestros alumnos a ajustar sus distintos perfiles afectivos y emocionales para solidificar una Inteligencia Emocional que les será muy útil en sus vidas como adultos. Una tarea que empieza en el hogar pero que continúa en el colegio.

Por eso la importancia que desarrollemos nuestra propia Inteligencia Emocional para llevar a cabo actividades de estimulación afectiva, regulación de sentimientos positivos y negativos, creación de ambientes que estimulen el desarrollo de capacidades socio-emocionales y de solución de conflictos interpersonales, exposición a experiencias a resolver mediante estrategias emocionales y enseñanza de habilidades empáticas.

Los niños paulatinamente deben descubrir la diversidad emocional para tener una mayor percepción y comprensión de los sentimientos propios y ajenos y para entender cómo se pasa de una emoción a otra, concientizando la posibilidad de sentir emociones contrapuestas.

Serán alumnos que aprenderán a solucionar problemas de una forma ajustada, haciéndoles frente y no evitándolos. Serán capaces de regular su propio malestar emocional, así como de empatizar con los demás y no exclusivamente en la escuela.

Los educadores estamos sometidos a numerosas fuentes de estrés que pueden ir minando nuestra salud y nuestro entusiasmo. Las condiciones laborales, la falta de recursos que no cubren las altas demandas requeridas, el bajo estatus social y profesional o las presiones temporales pueden provocar que el malestar vaya en aumento afectándonos negativamente como educadores y como seres humanos.

En este sentido, aquellos colegas con inteligencia emocional podrán disminuir los niveles de estrés al gestionar de forma adecuada las reacciones emocionales negativas. De esta manera ponen en marcha estrategias de afrontamiento activas ante situaciones estresantes, en vez de evitarlas. Estrategias que los niños, como grandes observadores, imitarán. Además, se sentirán más realizados personalmente y sus niveles de salud y bienestar mental también mejorarán.

Recordemos que un educador estresado y desmotivado repercutirá inevitablemente en la calidad de la enseñanza, por lo que ya no será un problema individual pero colectivo en donde los alumnos también se verán directamente perjudicados.

Según mi opinión, sería muy necesario implantar programas que fomentaran la Inteligencia Emocional en nuestros docentes para mejorar no solo sus habilidades, sino también para que las jornadas escolares sean más efectivas y eficientes para beneficio de todo el plantel.

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