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11/07/2018

El conocimiento "per se" no es cultura…



La cultura va mucho más allá del acumular conocimientos, es una perspectiva enriquecedora que nos ofrece herramientas para comprender mejor el mundo.

Hay muchas personas que creen que ser cultos significa poseer conocimientos. En esos casos, esas personas “cultas” exteriorizan arrogancia, desdén y desprecio por todos aquellos que no se encuentren al mismo “nivel”.


Existen muchos tipos de cultura: Existe una cultura intelectual y artística que nos permite apreciar (hasta emocionarnos) cualquier evento u obra; existe una cultura física que implica cuidar nuestro cuerpo; una cultura emocional que nos permite mantener un equilibrio personal y una actitud constructiva ante la vida; una cultura profesional, que no solo implica ser realmente buenos en nuestro trabajo sino además disfrutarlo; una cultura del ocio, que incluye todas esas cosas que podemos hacer en nuestro tiempo libre para crecer como personas y conocer mejor el mundo que nos rodea.

Cultivarnos en diferentes frentes nos permitirá vivir de manera más equilibrada y enriquecedora, pero también nos convertirá en personas más independientes, libres y menos manipulables. Ser verdaderamente cultos es ser verdaderamente libres.

¿Cómo se comportan las personas cultas?

1. Son respetuosas. Son siempre amables, gentiles, educados y dispuestos a ceder ante los otros. Las personas cultas son aquellas que respetan a los demás como individuos sin distinción de ningún tipo; son personas tolerantes y nunca transfieren sus culpas a los demás sino que asumen sus responsabilidades. Aceptan y respetan otras formas de pensar y actuar diferentes.

2. Son sinceras. No mienten incluso en pequeñas cosas. Consideran la mentira como un insulto a quien los escucha. No aparentan: se comportan en la calle como en sus casas y no presumen ante las personas más humildes. Callan más frecuentemente de lo que hablan. Sabemos (no todos…) que se aprende más escuchando que hablando: las personas verdaderamente cultas lo saben y no sienten la necesidad de hacer gala de su conocimiento continuamente. Reconocen lo que no saben y no mienten al respecto para tratar de proyectar una imagen de sabiondos.

3. No son vanidosas. No se preocupan por ser reconocidas. Nunca alardean con su dinero o su status social y siempre mantienen un perfil bajo. Al contrario de las personas vacías que necesitan hacer mucho ruido y necesitan llamar la atención constantemente. Las personas cultas son humildes.

4. Son talentosas. Se sienten orgullosos de ello mas no lo demuestran. Las personas cultas están siempre muy atentas a su crecimiento personal, aunque ello implique realizar ciertos sacrificios y dedicar mucho esfuerzo. Saben que el talento sin perseverancia no da frutos.

5. No se victimizan. No esperan conmover a otros esperando conmiseración. Las personas cultas poseen dignidad; difícilmente se lamentan o se quejan. No intentan manipular a los demás haciendo hincapié en sus desgracias, no se quedan atascadas en los problemas sino que buscan soluciones porque son lo suficientemente inteligentes como para captar las circunstancias a su favor.

6. Poseen intuición estética. Buscan la frescura, la elegancia, la humanidad en todo y en todos. Les molesta la mentira y la vulgaridad constante pero al encontrarlas, no las juzgan, las evitan. No luchan batallas perdidas de antemano porque son capaces de comprender la esencia humana y no piden a los otros más de lo que pueden dar. Los cultos también son pragmáticos y objetivos, buscan la autenticidad, en sí mismos y en los otros.

7. Son sensibles y empáticas. Se conmueven no solo ante las injusticias y el dolor que encuentran a su paso sino ante todo lo que sucede en el mundo.

“Así es como son las personas cultas. Para ser culto y no quedar atrás, no es suficiente con haber leído "Los papeles póstumos del club Pickwick" o haber memorizado el monólogo de "Fausto". Lo que necesitas es trabajar constantemente, día y noche, leer constantemente, estudiar, mucha voluntad y perseverancia. Cada hora es preciosa. Descansa y deshazte de tu vanidad”. Antón Chéjov (carta a su hermano).

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