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10/07/2018

Esterilidad Emocional vs. Fertilidad Emocional…



Todas las personas deben afrontar, en mayor o menor escala, problemas, frustraciones, dolores, desesperanzas; la lista es infinita. La diferencia está en cómo afrontarlas.

Muchos de nosotros creemos que con ponernos una “armadura”, bloqueamos las emociones y así alejamos el sufrimiento. La mala noticia es que las emociones se pueden ignorar y no exteriorizar pero ellas siguen dentro de nosotros y de manera silente actúan sobre nuestro equilibrio psicofísico de manera positiva o negativa, dejando huellas indelebles en el mediano y largo plazo.


La gratitud y la generosidad son bidireccionales: no gana solamente quien recibe sino también quien da. Muchas veces, por miedo a no ser recompensados debidamente, nos encerramos, nos volvemos recelosos y levantamos barreras volviéndonos fríos y distantes: eso es la esterilidad emocional.

Un estudio de las universidades de Illinois y Zúrich analizó a un grupo de 982 personas y descubrió que aquellas que practicaban la gratitud y la generosidad, disfrutaban de un mayor grado de bienestar físico y emocional.

Gracias a la gratitud, nuestro cerebro logra mantener alejadas emociones tóxicas como la envidia, la frustración y la culpa, por lo que es muy eficaz para aliviar la depresión. De hecho, otra investigación realizada en la Universidad Nacional de Taiwán reveló que la gratitud incrementa nuestra autoestima reduciendo así nuestra tendencia a compararnos con los demás.

“No hay que sopesar el valor del regalo sino la voluntad que lo motivó.”

Con estas palabras, Séneca llama la atención sobre las expectativas que albergamos cuando ayudamos a alguien o concedemos un favor. Nos alerta de que la auténtica generosidad no es un acto transaccional y que muchas veces, los supuestos beneficios o perjuicios dependen exclusivamente de nuestras expectativas. Si esperamos que la persona nos devuelva el favor y no lo hace, nos sentiremos perjudicados. Si hacemos un favor y nos sentimos agradecidos por ello, obtendremos un beneficio.

“El hombre sabio disfruta más dando de lo que el receptor disfruta recibiendo.”

La generosidad verdadera no es un dar para recibir algo a cambio sino un acto desinteresado.

La gratitud se mide con la recompensa intrínseca al acto generoso, más que por el beneficio que podríamos obtener si nos devolverían el favor.

No hay persona que, al beneficiar a su prójimo, no se haya beneficiado a sí misma. Una buena conducta (así como una mala) siempre regresa en círculo para beneficiar (o afectar) al hacedor.

La recompensa por una buena acción es haberla hecho.  

Un estudio realizado en la Universidad de Alabama reveló que la gratitud y la generosidad no solo nos ayudan a reducir el nivel de estrés sino que incluso desempeñan un papel importante para superar los traumas.

Sentirnos agradecidos incluso en los peores momentos y seguir dando lo mejor de nosotros, es un boomerang de positividad del que podemos beneficiarnos para desarrollar la resiliencia y una sensación de bienestar y paz interior.

La decisión, como siempre, queda en nuestras manos.

“Para descubrir a una persona agradecida, es necesario conocer a muchos desagradecidos.”
Gracias a Séneca (filósofo, político, orador y escritor romano)

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