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04/09/2017

El orgulloso intelectual...

…quiere tener siempre la última palabra ...











"Esta soberbia no me es nueva ..."
Dante
La Divina Comedia, Infierno, Canto VIII


"Soberbia", "presunción", "arrogancia", "audacia", "orgullo intelectual"

El orgulloso intelectual se blinda en sus propias ideas ante el mundo y la novedad: una característica totalmente contraproducente que vuelve muy difícil el sostener una sana conversación.
Una constante voluntad tediosa, intransigente, irritable de imponer su propio pensamiento, sin importarle si tiene razón o no.

“Querer tener siempre la última palabra” - Una actitud que produce mucho daño. No tiene nada que ver con el saber o el lograr llegar a un punto de vista o una meta.

El orgulloso intelectual es el que en una conversación se preocupa más de reafirmar su punto de vista que de dialogar con el otro. Incluso al darse cuenta de que el otro tiene razón, continúa defendiendo absurdamente su posición.

No es simple terquedad: es agresividad enmascarada. Algo que impide un diálogo verdadero y constructivo: sólo considera sus propias ideas. El orgullo carece de ideas, espera a que el otro exprese su opinión para luego contraatacar con la suya, diferente y opuesta, con el fin de demostrar que su opinión es la correcta, la definitiva.

Donde hay orgullo, no hay libertad y la ausencia de libertad no es tanto de quien sufre la "última palabra", sino del que la tiene. El orgulloso intelectual termina generalmente sólo, en sus creencias y en su inútil afirmación de fuerza.

Abandonar el orgullo intelectual significa liberar los propios pensamientos. Se abandona la idea equivocada que ve una confrontación o un debate como un encuentro de boxeo en el que está en juego nuestro valor como personas, y se abraza la belleza del intercambio real de visiones, a través de un diálogo fructífero. Se logra la libertad de decir lo que se piensa, de poder coexistir con diferentes posibilidades y puntos de vista que se integran incluso siendo opuestos.

Debemos escuchar, proponer, asociar, mezclar, extraer nuevas ideas. La integración representa el nivel más alto de conocimiento y de libertad.

Cegado por la necesidad de tener siempre la razón y la última palabra, el orgulloso intelectual no es consciente de los efectos negativos que produce en los otros: un sentido de inadecuación, duda permanente, frustración, irritación, nerviosismo e intolerancia debido a la imposibilidad de tener una un diálogo sano y útil que, a la larga, se manifiesta en la tendencia a evitar tal relación.
Desconexión social y emocional garantizada.

¿Cómo se reconoce un orgulloso intelectual?

No escucha: él no presta atención a lo que su interlocutor dice realmente ya que está totalmente enfocado en elaborar su afirmación que obviamente, deberá ser la última.
Es compulsivo: interrumpe. Querer tener siempre la última palabra suele ser un automatismo reflexivo detrás del cual se oculta incertidumbre y poca autoridad moral.
No acepta la pluralidad: piensa que siempre tiene razón. Según él, un debate siempre debe terminar con un "vencedor" (él) y un "perdedor" (el otro).
No considera el contexto: el orgulloso intelectual no toma en cuenta el lenguaje no verbal, ni el contexto y ni la situación personal de su interlocutor. Carece de empatía.
A menudo utiliza prejuicios: el orgulloso intelectual ama las teorías pre-empaquetadas. Es blanco o negro, no hay grises. No acepta que las opiniones fijas son riesgosas y que la verdad puede ser relativa o cambiante.

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