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08/05/2018

Enseñar sin enseñar…


Hoy, en los planteles educativos, todavía prima la instrucción del docente por sobre el aprendizaje de los alumnos, con un sistema uniformado y masivo de enseñanza y un rígido horario digno de un sistema de una extinta época industrial.

Cómo será nuestro estilo de vida en el futuro, es aún incierto. Lo que no admite dudas es que este será cada vez más digital y automatizado. Por ello serán cada vez más requeridas habilidades no rutinarias que estén relacionadas con el desarrollo de complejos procesos mentales y que involucren relaciones interpersonales e interculturales (soft skills). 

Recientes encuestas demuestran que existe una enorme brecha entre la percepción positiva que tienen los educadores con respecto a su propio trabajo (70% satisfechos) y la percepción negativa de los estudiantes con respecto a lo que aprenden (40% insatisfechos).  

Un niño que ingresó este año en el sistema escolar, egresará del mismo en el 2030. En una realidad tan cambiante como la actual, en esa época habrá trabajos y funciones que aún hoy ni siquiera existen. Por eso es fundamental que el sistema escolar se renueve drásticamente y se proponga ayudar a los jóvenes a desarrollar nuevas habilidades.

Primera habilidad
El pensamiento crítico. Basado en la interrogación y el planteo de hipótesis, la resolución de problemas, la comunicación, el trabajo en equipo y la creatividad. 

Segunda habilidad
El alfabetismo digital. Poder y saber lidiar con un estilo de vida que cada día será más tecnológico e interactivo, veloz y personalizado.  

Tercera habilidad
La metacognición. La capacidad de reflexionar sobre el propio trabajo y errores con el fin de aprender. La flexibilidad, la adaptación al cambio, la iniciativa, la curiosidad, el liderazgo personal y ético. La habilidad de trabajar en equipos interdisciplinarios y multiculturales. 

Es necesario renovar los obsoletos contextos de enseñanza y ayudar al alumnado a aprender creando, diseñando, aplicando e inventando. Buscando soluciones a problemas reales y cercanos, sin desestimar jamás la conexión emocional. Aprendemos solo lo que nos emociona.

La creatividad no tiene límites y el aprendizaje debe ser constante durante toda nuestra vida. No hay dos cerebros iguales por consecuencia las vías y los estilos de aprendizaje son innumerables.

La Educación debe ser cada vez más personalizada y enfocada en el saber “Ser” más que en el saber “Hacer”; más “Formativa” que “Informativa”.

Para ello, el <nuevo Educador> deberá saber “Enseñar sin Enseñar”.




07/05/2018

A la creatividad le gusta la lluvia…



La creatividad tiene entre otras características, la finalidad de generar opciones para la resolución de problemas. Es una Habilidad Transversal (Soft Skill) que será cada día más necesaria y requerida; una habilidad que el actual sistema escolar ignora por completo.

En la Antigua Roma, las “Quaestiones” fueron las primeras ejercitaciones mediante las cuales, los profesores testeaban la preparación de sus alumnos en Derecho Romano, Teología o Filosofía. A través de ejemplos de vida reales, se estimulaba la discusión y el debate entre los alumnos.


Con Alex F. Osborn, en 1942, esta técnica tomó la denominación de “Brainstorming”, en español conocida como “Lluvia de Ideas”.

Este método no solo es una oportunidad para mejorar la creatividad de nuestros alumnos, sino que ayuda a desarrollar la capacidad de trabajar conjuntamente y en equipo para un bien común, para la resolución de un problema o de un reto.  

Durante una sesión de “Lluvia de Ideas” nuestro cerebro deja de operar con lo que se denomina rigidez funcional (una idea fija de las cosas que nos rodean), y comienza a pensar en más opciones.

Para que una "Lluvia de Ideas" sea efectiva y productiva es necesario que en ella se excluyan los prejuicios o juicios de valor. Es imprescindible que los alumnos den rienda suelta a su imaginación. Las ideas que surgen no se juzgan ni se critican y todas son tomadas en cuenta.

El no hacer juicios de valor libera a nuestro cerebro para que este fluya con total libertad y empiece a general ideas lo más inusuales y aparentemente imposibles de ejecutar. Una idea inusual y descabellada siempre será infinitamente mejor que ninguna idea.
Otro de los requisitos fundamentales para que una “Lluvia de Ideas” genere el propósito propuesto es que debe basarse en la cantidad y no en la calidad. Hay que generar muchas ideas para que surjan unas pocas buenas ideas.
A través de la “Lluvia de Ideas” nuestros alumnos aprenden a desarrollar la Escucha Activa. Muchos creen que las buenas ideas surgen de la nada, sin embargo grandes ideas o grandes soluciones pueden surgir de las ideas que aportan otros integrantes del grupo.
La “Lluvia de Ideas” requiere de rapidez y de agilidad mental. Un error muy común es creer que cuanto más tiempo dediquemos a pensar en generar ideas, estas serán mejores. Esto muchas veces, no suele ser así. Cuanto menos tiempo y más presión se tiene, mejor es la respuesta a la hora de resolver problemas de forma creativa.   
Durante una sesión de “Lluvia de Ideas”, nuestro cerebro deja de operar con la Rigidez Funcional que es la idea fija, preconcebida que a través de Mapas Mentales, él tiene de la realidad, encontrando nuevas soluciones. Para ello es necesario que el cerebro deje de utilizar el Pensamiento Vertical y comience a utilizar el Pensamiento Lateral.

Pensamiento vertical: escoge, se decide por lo correcto, es lineal y secuencial, elige lo importante y descarta lo secundario, es previsible.
Pensamiento lateral: es cambiante, se decide por lo diferente e inusual, da saltos deliberados alterando el orden lógico; fomenta el azar, es imprevisible.

Llevar a cabo una “Lluvia de Ideas” con nuestros alumnos (de todas las edades), es muy divertido y estimulante. Se asombraran de las ideas que pueden surgir de esos maravillosos (y subestimados) cerebros.

Nuestro cerebro no es un reloj, no podemos decidir ni cuándo ni dónde aparecerá la solución de nuestro problema o reto. Por tanto, debemos entrenarlo para que cuando dejemos de pensar en las posibles soluciones de manera consciente, él siga trabajando para nosotros de manera inconsciente a través de la mente profunda.

La solución aparecerá, no tengan duda.

02/05/2018

Lavoro in ufficio: Come rendere il nostro cervello più felice e più produttivo




Abbelliamo e personalizziamo il nostro spazio di lavoro. L'ambiente che ci circonda è un fattore molto importante: avere delle piante o elementi naturali aumentano la capacità di concentrazione del nostro cervello e avere una lavagna a muro e pennarelli stimolano la creatività.

Gestiamo il tempo. Creare una lista basata sulle priorità della giornata permette al nostro cervello di aumentare la concentrazione e di riuscire a focalizzarsi più efficientemente sugli obiettivi e le scadenze.

Troviamo l'equilibrio. È necessario cercare di imparare a gestire bene le nostre mansioni in modo da non caricare troppo il nostro cervello un giorno per poi lasciarlo scoperto quello successivo.

Rispettiamo le pause. Dobbiamo mantenere regolari pause (caffè, pranzo) distogliendo lo sguardo dagli schermi e magari fare un po’ di movimento. 

Parliamo con i colleghi. Il cervello è il nostro organo sociale per eccellenza: Le relazioni interpersonali sono di vitale importanza per il suo benessere.  

Facciamo ciò che ci appassiona. Essere appassionati del nostro lavoro è fondamentale per il nostro cervello. Entusiasmo, curiosità, motivazione sono elementi che rendono il nostro cervello efficiente e produttivo e fa sì che esso produca neurotrasmettitori che generano sensazione di benessere.

Assumiamo una posizione corretta. Come siamo seduti alla scrivania è di fondamentale importanza per il nostro benessere in ufficio. Quando siamo al computer, dobbiamo mantenere in asse la parte inferiore della schiena, appoggiare i piedi e avere gli avanbracci paralleli al pavimento.

Emociones mal educadas…



Para colaborar con el desarrollo de las competencias emocionales en los niños, es necesario que el educador haya desarrollado sus propias habilidades de Inteligencia Emocional.


La Inteligencia Emocional nace del encontrarse consigo mismo para conectar con las propias emociones y comprender la información que nos proporcionan; a la vez es también conectarnos con nuestro pensamiento y con los estados corporales que acompañan nuestras emociones. Esta es la base para poder orientar a nuestros estudiantes. La comprensión y gestión de uno mismo favorecerá el encuentro armónico con el otro.


Hoy somos conscientes de la presencia permanente de las emociones en todo ser humano y la Neurociencia nos aporta importante información sobre la posibilidad de tener acceso a la gestión de las mismas. Por medio de investigaciones se ha comprobado que la regulación de nuestras emociones influye directamente en el rendimiento de los estudios, en el trabajo y en nuestra vida social.

La conexión y toma de conciencia de nuestras emociones constituye la base de la Inteligencia Emocional.

Debemos orientar al alumnado en la adquisición de la habilidad de sentir de manera consciente hasta desarrollar una habilidad automática que le permita identificar constantemente qué se está sintiendo, para así controlar y autoajustar el comportamiento.

El clima en el aula es determinante para un buen desarrollo de la Inteligencia Emocional. Un ambiente en el que todos los alumnos saben y sienten que importan, donde cada uno es respetado y escuchado y donde existen fuertes vínculos afectivos entre todos los miembros del grupo y su educador.

Tengamos presente que un eficiente y completo sistema de educación se debe basar siempre en el trinomio Educador-Alumno-Familia. La familia que acepta las emociones de sus hijos, los ayuda a hablar de ellas y les ofrece apoyo afectivo está creando las bases para el desarrollo de la Inteligencia Emocional.

Es realmente importante interpretar cómo se sienten nuestros niños, sin juzgar, ni negar, ni prohibir ningún sentimiento o emoción. Ellos necesitan que se les reconozca y se les valide su sentir.

Los padres debemos tomar conciencia de que somos modelos emocionales y que nuestros hijos absorben directamente el tono emocional que se vive en casa. Dado que muchos adultos todavía no han conseguido personalmente la capacidad de autorregularse, sería conveniente plantearse el poner en marcha este aprendizaje.

No poseer habilidades de Inteligencia Emocional significa no reforzar aquellas capacidades que contribuyen a que las emociones vayan a favor y no en contra de uno mismo, lo que tiene repercusiones no solo a corto plazo, en el ámbito escolar, sino también en la edad adulta en el ámbito laboral y social.

No tener la habilidad de autogestión compromete la capacidad de tener y sostener relaciones satisfactorias.

La Inteligencia Emocional puede prevenir situaciones de adición, ansiedad, depresión, agresividad, bullying y conductas de alto riesgo. 

Our brain prefers cold…








Our decisions are swayed by the temperature of our surroundings.


Because


Our brain is an organ and, just like all other organs, it needs energy to function. Everything we do—whether it is a physical behaviour or a mental process—uses the same energy source: glucose. We use glucose as we walk, talk, breathe, and perform other physical functions in our daily lives. We also use glucose when we perform effortful mental functions, such as making decisions, exerting self-control, suppressing emotional responses, and even answering math problems. However, this fundamental source of both physical and mental energy – glucose - is a limited resource.

One of the brain’s most important task is temperature regulation. When the ambient temperature is unusually hot or unusually cold, it must use energy —glucose— to maintain a healthy internal temperature. We shiver or sweat, seeking to avoid hypothermia and heat stroke. These two processes - correcting for excessive heat or cold - are not equal. Cooling the body down requires more energy than warming it up.

Warm temperatures deplete our resources and our brain uses up large amounts of glucose to do that.

Mental processes need glucose, in consequence physical demands imposed by excessive warmth reduce our capacity for cognitive functioning, affecting our decision-making abilities.

The neuroscientists decided to test this apparent link between weather and complex decision-making in the lab by performing a series of experiments comparing participants’ cognitive performance at two seemingly unremarkable temperatures: 19° and 25° Celsius. People tend to be most comfortable at around 22° Celsius. Despite this minimal deviation in temperature, the researchers found remarkable differences in cognitive functioning. These results suggest that even simple cognitive tasks can be adversely affected by excessive ambient warmth. 

These studies suggest also that higher ambient temperatures change our patterns of decision-making. As our bodies struggle to maintain a healthy internal temperature, they use up resources that would otherwise be available for mental processes. As a result, we are less able to make complex decisions—we give up early, we make mistakes, and even we shy away from making these decisions in the first place. We choose the easy option rather than the complex one.

Would you prefer to work in Alaska or in Morocco?

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