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03/08/2017

Comunicarse no es igual que hablarse…
















La capacidad de comunicar es un activo valioso. 



Los estudios demuestran que la comunicación oral es considerada una de las competencias más importantes. Las personas más exitosas (en lo laboral y en lo personal), son más propensas a ser excelentes comunicadores.

Una buena comunicación es importante pero hay que saber desarrollarla, no es innata. Es un trabajo personal que todos deberíamos afrontar para mejorar nuestra calidad de vida y la de lo que nos rodean.

Algunas de las habilidades más importantes de un buen comunicador son:

Escuchar
Esta habilidad es fundamental para un fructífero proceso comunicativo. Si no aprendemos a escuchar (que no es oír), podemos lograr ser grandes habladores, pero ciertamente no buenos comunicadores. Escuchar a una persona nos enseña cómo comunicarnos con ella; nos proporciona ideas importantes y contexto.

Debemos escuchar más que hablar

Cuando logremos una sincronización neuronal y compartamos nuestros propios pensamientos e historias con otros, evitemos la tentación de prolongarnos mucho en hablar para que el diálogo no pase a ser un monólogo.

Si queremos despertar interés, tenemos que demostrar interés

Preguntar
Formulemos preguntas clarificadoras. Parafraseemos lo que nuestro interlocutor nos comunica; demostraremos que estamos escuchando y evitaremos de esa manera malinterpretar u olvidar lo que se nos dijo.
Claridad
La claridad es muy importante. A menudo, lo que decimos tiene sentido en nuestro cerebro, pero debemos considerar que nuestro oyente tiene otro contexto, otro Mapa Mental. Con la claridad al conversar evitaremos incómodas interrupciones o peligrosas malas interpretaciones.
Franqueza
Si queremos comunicarnos, tenemos que ser francos, abiertos. Tenemos que establecer y sostener contacto visual. Debemos sonreír. Una sonrisa y un contacto visual sinceros pueden hacer milagros, en segundos.
Empatía
La empatía es esencial para una buena comunicación. Todos vivimos en nuestros pequeños mundos, pero para lograr una conexión con alguien se requiere la capacidad de ponerse en el lugar de esa persona y tratar de entender su punto de vista.
Cuando logramos empatizar, podemos tener conversaciones en calma y con racionalidad. Ya sea que estemos en el trabajo, en casa o con amigos, la empatía puede ayudarnos a desactivar situaciones emocionalmente cargadas y así poder tener una conversación fructífera.
Energía
Estamos naturalmente atraídos por personas que elevan nuestro estado de ánimo y logran inyectar más energía a una conversación. Mostremos sincero entusiasmo e interés por lo que se nos dice, aunque nos resulte difícil. Escuchemos atentamente.

Una comunicación efectiva no surge naturalmente. Tenemos que desarrollarla y ser conscientes de las cosas que podemos hacer para mejorarla.

El desarrollo de buenas habilidades comunicativas nos permite lograr que la inteligencia, las ideas y las personas a nuestro alrededor, brillen.

Vivir rodeado de luz vale la pena.

02/08/2017

El “Interruptor Crónico”









Durante una conversación, un “buen interruptor” puede llegar a interrumpir 10 o más veces en 1 hora. Insoportable, ¿no?












Vivimos en una cultura donde la interrupción es común y aceptada.

Ser interrumpido durante una conversación es frustrante para cualquier persona.

Cuando interrumpimos, transmitimos superioridad, dominio, desinterés hacia lo que estamos escuchando y hacia quién nos está hablando.

Interrumpir es un problema y tiene un problema: la mayor parte de los interruptores crónicos no están conscientes de serlo; simplemente son personas que no conocen el arte de conversar y, por lo tanto, no están entrenados en el hábito de escuchar (Escucha Activa). Suelen ser personas egocéntricas, centradas en sí mismas, en sus experiencias y sus opiniones. No solo no les importa lo que dicen los demás sino que ni siquiera perciben los intentos del otro por intervenir, las señales de cansancio o de aburrimiento durante una conversación.

Continuar hablando después de haber sido interrumpido es ineficaz. Si la otra parte está hablando al mismo tiempo, no hay retroalimentación, lo que hace que la comunicación no sólo sea inútil, sino también imposible.

Las personas tienden a interrumpir más cuando están en una postura física relajada y no están haciendo contacto visual. Esto confirma que el lenguaje no verbal es parte importante de una conversación.

La escucha reflexiva podría ser una solución. Repetir lo que dijo el orador y así reflejar lo que se oyó. Esto da la oportunidad de aclarar la discusión y detener las interrupciones.

Otra posible solución es ser más asertivos: sin confrontar y con delicadeza, simplemente ser directos. Tenemos que informar, antes de que comience una conversación, que no apreciamos que nos interrumpan y que nos gustaría terminar de expresar lo que queremos decir. Si nuestro interlocutor se niega a aceptar estas razonables peticiones, es muy probable que la conversación no sea productiva y por ende sería mejor posponerla o cancelarla.

29/07/2017

La Empatía puede ser ambigua…


Las investigaciones han demostrado que la Empatía está asociada con la bondad y el ayudar a los demás; nos permite funcionar armónicamente en sociedad y sobrevivir como especie.

Pero la Empatía también puede ser una agotadora emocional. Las personas empáticas que fácilmente interiorizan los sentimientos de otros, pueden sentirse abrumadas, heridas y desanimadas. Un estado muy estresante.

Hay dos maneras de manejar la Empatía. La primera es imaginarse cómo alguien podría sentirse en una circunstancia dada, conocida con las siglas en inglés como IOST (Imagine-Other-Perspective-Taking).  La segunda es imaginarnos en la situación de la otra persona, conocida como ISPT (Imagine-Self-Perspective-Taking). En el primer caso, logramos comprender los sentimientos de la otra persona; en el segundo caso, internalizamos los sentimientos de esa persona.

Las personas que tienen un empleo emocionalmente exigente (cuidadores, enfermeras, asistentes sociales, funcionarios de servicio al cliente, etc.) que adoptan un enfoque ISPT para la Empatía, pueden presentar un estrés crónico e incluso un agotamiento muy profundo. De hecho, el agotamiento relacionado con la Empatía está aumentando en las actividades en donde se exige que los trabajadores desarrollen una verdadera relación empática con los clientes.

La Empatía es necesaria y beneficiosa, pero solo si se centra en lo que la otra persona está sintiendo sin incluir nuestro yo en la misma situación.


Esto nos puede ayudar a evitar el agotamiento emocional y también a mantener las cosas bajo control en nuestras relaciones personales.

27/07/2017

Es invisible, no tiene género, pero hace mucho daño…










El maltrato emocional no utiliza la violencia física por ende, carece de visibilidad y muy importante, de género. Cualquier persona (mujer u hombre) puede ser víctima o victimario. 



Es una forma de violencia sutil, difícil de detectar y frenar. Se vale de ofensas verbales, amenazas, intimidación y críticas constantes, así como tácticas sutiles de intimidación, vergüenza y manipulación. El fin último es controlar y dominar a su víctima. No deja heridas visibles como el maltrato físico, pero sus huellas no son menos dolorosas y pueden causar daños irreversibles.

Recordemos que nuestro cerebro percibe el dolor emocional de la misma manera que el dolor físico. Las consecuencias nefastas son similares.

El maltrato emocional afecta las áreas de la comprensión y el control de las emociones, así como las vinculadas con el reconocimiento y la respuesta a los sentimientos de los demás. Son áreas de la corteza prefrontal y el lóbulo temporal medial que normalmente se activan cuando se les pide a las personas que piensen en sí mismas o reflexionen sobre sus emociones. Con el maltrato emocional estas zonas del cerebro se vuelven más finas, eso se debe a que, para poder lidiar con las abrumadoras experiencias de angustia, el cerebro altera los patrones de señalización de las áreas involucradas, reduciendo su nivel de conectividad. Como resultado del adelgazamiento de la corteza cerebral, las víctimas del maltrato emocional son más propensas a padecer depresión, tener cambios bruscos de humor y mostrar respuestas emocionales más extremas. Van perdiendo la capacidad para reflexionar sobre sí mismas y de encontrar la manera más adecuada de hacerle frente a las emociones. 

Los principales rasgos del perfil de un maltratador emocional no varían según el género.

1. Es intolerante
Suele ser una persona rígida que no respeta las opiniones y decisiones de los demás. Llena de prejuicios y estereotipos, suele reaccionar de manera agresiva cuando algo no corresponde con sus planes y expectativas.

2. Es muy autoritario y controlador
Piensa que solo su manera de pensar y hacer las cosas es la correcta, por lo que los demás deben someterse a su voluntad. Si no lo obedecen se enfada, aunque no tenga razón. No está abierto al diálogo porque cree que solo existe una verdad: la suya. Todo lo que no encaje en su manera de ver el mundo simplemente está mal. Es un “asfixiador emocional”.

3. Piensa que todo es “blanco o negro”, “todo o nada”
Para él no hay términos medios, las cosas están bien o mal, lo cual lo lleva a desarrollar un pensamiento extremadamente rígido que dificulta las relaciones con los demás y lo conduce a continuos enfrentamientos.

4. Es un experto manipulador
Recurre al chantaje emocional para manipular a sus víctimas y obtener lo que desea. Finge, culpabiliza al otro y genera miedo. Su objetivo es desestabilizar emocionalmente a su víctima para presentarse luego como su única salvación.

5. Es encantador
Es muy difícil descubrir un maltratador emocional porque generalmente es una persona encantadora y detallista. Sabe muy bien cómo ocultar su verdadero “yo” y cómo conquistar a su víctima.

6. Es crítico pero no autocrítico
No acepta críticas. Las interpreta como un ataque personal. Suele ser hipersensible y se ofende con facilidad. Sin embargo, no duda en criticar a los demás utilizando críticas destructivas ya que su objetivo es someter.

7. Es emocionalmente inestable
Es un “analfabeto emocional”. Carece de autoconocimiento, reacciona de manera muy intensa ya que tiene un escaso conocimiento y control sobre sus emociones. Puede pasar rápidamente de estar de buen humor y ser agradable a sentirse irritado y profundamente enfadado. Eso genera una enorme incertidumbre y ansiedad en quienes lo rodean.

8. Tiene una baja autoestima
Proyecta una imagen de fuerza pero en realidad la utiliza para esconder su baja autoestima e inseguridad. Necesita someter a los demás para sentirse importante.

9. Es insensible
No es empático; es egocéntrico y egoísta. Esa insensibilidad es lo que le permite manipular y causar daño a los demás sin sentirse culpable.

10. Es hipócrita
Es común que prometa que cambiará su comportamiento pero nunca lo hará; miente para seguir teniendo el control de sus víctimas. No tiene reparos en mentir para alcanzar sus objetivos y no está dispuesto a cambiar su forma de ser por los demás.

11. Es narcisista. 
Tiene una percepción exagerada y grandiosa de sí mismo, y cree que merece la continua admiración de los demás. Tiende a exagerar sus propios logros y piensa que tiene todos los derechos pero ningún deber. Generalmente es muy arrogante.

12. Es antisocial. 
Muestra un patrón de desprecio por los derechos de los demás y las reglas de la sociedad. Quebranta las normas y las leyes sin experimentar ningún tipo de remordimiento.

13. No es consciente. 
No conoce otra forma de comportarse o de relacionarse, no posee las herramientas psicológicas para hacerlo. Es muy probable que en su infancia haya sido víctima de maltrato emocional. 

Si frecuentan un maltratador emocional, pueden llamar al 0800-HUYAN...

26/07/2017

El elogio evaluativo y el elogio descriptivo...


A los niños decirles “muy bien” está muy mal.


El elogio evaluativo.

El elogio evaluativo incluye un juicio de valor y una evaluación condicionada a la acción: La condición de que realice esa acción.
Esta estrategia funciona porque los niños necesitan aprobación, pero a largo plazo es mucho más efectivo que ellos comprendan el motivo de hacer esa acción.
Los niños pueden volverse dependientes de nuestros elogios, de nuestras evaluaciones, decisiones y opiniones en lugar de aprender de sus propios juicios y eso puede causar que realicen una actividad solamente durante el tiempo que son observados.

En un estudio se descubrió que los estudiantes que eran elogiados profusamente por sus profesores eran más indecisos en sus respuestas y tenían menos tendencia a perseverar en tareas difíciles o compartir sus ideas con otros estudiantes.

Tenemos que pensar que el “muy bien” es una evaluación, un juicio y a nuestro cerebro, a cualquier edad, no le gusta ser juzgado.

Una serie de investigaciones científicas han mostrado que mientras más recibimos recompensas por hacer algo, más perdemos el interés en hacerlo.

Los elogios y las recompensas crean adicción

Nosotros elogiamos más porque necesitamos decirlo que porque nuestros niños necesitan oírlo. Es importante que no pongamos énfasis en cómo nos sentimos por la acción que el niño ha hecho. Al principio puede resultar complicado llevar esto a la práctica, pero los resultados valen la pena.

Lo que los niños necesitan es apoyo y amor incondicional

Como padres y educadores, debemos lograr que los niños se conviertan en adultos con capacidad de reflexión, pensadores independientes y emprendedores, sin tener que buscar a otra persona para su aprobación.

El elogio descriptivo.

El elogio descriptivo no evalúa lo que un niño ha hecho, sino que lo describe. Si lo acompañamos de preguntas, el resultado será aún más satisfactorio. Los niños con el tiempo van a confiar más en sí mismos y en su propio juicio y van a aprender a hacer las correcciones o ajustes en base a sus propias evaluaciones. Esto permitirá a los niños sentirse orgullosos de lo que hicieron y concientizar por qué lo hicieron.

Si el niño se ha puesto los zapatos, le podemos decir: ““¡Te has puesto los zapatos solito!” – “¿Qué es lo que te resultó más difícil?”
Si el niño ha dibujado un paisaje montañoso, podemos decirle: “¡Qué lindo ese color marrón que utilizaste!” – “¿Qué te llevó a elegir ese color?”
Si el niño hace una acción cariñosa hacia otra persona, podemos decirle: “¡Mira como lo has hecho feliz!” – “¿Cómo se te ocurrió un gesto tan lindo?”

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