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26/11/2018

Come combattere l’Alzheimer? Con l’amicizia (quella vera…)


Avere veri amici, persone affettuose e fidate, rallenta il processo di logoramento del nostro cervello.









Lo dimostra uno studio condotto su un campione di ultraottantenni dotati di una memoria episodica simile a quella di adulti più giovani di 20-30 anni, i cosiddetti “Superagers”.


I partecipanti all’indagine sono stati sottoposti a un questionario che serve a misurare il benessere psicologico valutando 6 aspetti: 1. Relazioni interpersonali positive, 2. Autonomia, 3. Controllo ambientale, 4. Auto accettazione, 5. Crescita personale, 6. Scopo nella vita. Risultato: i “Superagers” con performance cognitive particolarmente sviluppate, hanno ottenuto un punteggio complessivo medio di 40 alla voce relazioni interpersonali positive.

Lo studio segna un ulteriore passo avanti nell’individuazione dei fattori che influenzano la decadenza cognitiva e la perdita di memoria legata all’invecchiamento. E in particolare dei fattori modificabili, quelli cioè sui quali è possibile agire. In effetti, almeno in una certa misura, possiamo scegliere di avere amici, di farci nuovi amici, o di coltivare quelli che abbiamo incontrato nel corso della vita.  

La relazione tra decadenza cognitiva e intensità della vita sociale è stata già indagata, e numerose volte, con diversi studi pubblicati che hanno confermato il nesso tra socialità e Alzheimer.

In conclusione, nella nostra lista di scelte sane che possiamo fare (corretta alimentazione, non fumare, esercitarsi fisicamente), il mantenimento di una socialità forte può essere determinante per garantirci una terza, quarta e perché no, quinta età. 

No es solo conocimiento…







Generalmente pensamos que la inteligencia se mide solo en base a la capacidad intelectual, al conocimiento o al éxito material. Ser inteligente va mucho más allá...









Las habilidades sociales, la facilidad para relacionarnos con el resto del mundo, la capacidad de comprender y situarnos emocionalmente en el lugar del otro. El conjunto de todas estas capacidades hacen de algunas personas seres realmente inteligentes.

Las personas inteligentes son mentalmente flexibles. Están abiertos a escuchar las opiniones de los demás a pesar de ser distintas a las suyas, a reflexionar y a modificar su manera de pensar respecto a un tema dependiendo de los argumentos que les den. Las personas inteligentes no se aferran a una idea o convicción, sino que tienen capacidad crítica y de análisis para sacar sus propias conclusiones.

Las personas inteligentes se caracterizan por ser escépticos lo que implica dudar y analizar toda información recibida. Las personas inteligentes antes de creer lo que se les plantea, prefieren comprobar su veracidad.

Las personas inteligentes son capaces de entender sus propias emociones al igual que las emociones del otro. Algo más complicado de lo que normalmente pensamos ya que no somos educados para ello.

Las personas inteligentes admiten sin ningún tipo de vergüenza o culpa, su ignorancia sobre un tema porque no lo conocen con tanta profundidad como para opinar.

Las personas inteligentes constantemente formulan y se auto formulan preguntas cuestionadoras.

Preguntémonos inteligentemente si somos realmente inteligentes…

21/11/2018

Me escucha, no me escucha, poco, poquito, nada…


Según un estudio científico, el cerebro humano, pese a su probada capacidad de adaptación tanto al manejo de lo abstracto como de lo concreto, no puede asumir dos tareas simultáneas que requieran un cierto grado de complejidad. Aunque pensemos que hoy en día ser “multitareas” (multitasking) es el secreto del éxito, debemos aceptar que al afrontar dos tareas nuestro cerebro no se multiplica por dos, sino que la cantidad de actividad cerebral que dedica a cada una de las tareas disminuye. En consecuencia, no logra hacer ninguna de las dos igual de bien que como lo haría por separado.

Cuando alguien nos habla, generalmente pensamos más en la respuesta que daremos que no en lo que nos están diciendo. Consecuencia: no escuchamos, solamente oímos.

En mi segundo manual “Conversar Sin Conversar”, me refiero a la importancia de distinguir entre oír y escuchar. Cuando oímos no alcanzamos a comprender la totalidad del mensaje; no atendemos ni entendemos de forma satisfactoria al otro. Cuando escuchamos, sí atendemos y entendemos a la persona que nos está expresando algo.

Admito ser algo repetitivo sobre este argumento pero mi “deformación profesional” me lleva a observar y analizar cada encuentro, cada conversación y constatar tristemente que la mayoría de las personas no escucha, simplemente oye. Una interacción se transforma simplemente en una sucesión de “monólogos a intervalos”, creyendo que estamos conversando; tan solo estamos hablando. Luego nos asombramos cuando una relación se enfría o cuando dos personas estando juntas están distantes.

A través de la escucha activa, logramos captar la totalidad del mensaje del otro y eso no facilita interpretar correctamente su significado.

1. Escuchar el contenido del mensaje.
2. Escuchar la intención del mensaje.
3. Tomar en cuenta la comunicación no verbal del hablante.
4. Controlar la propia comunicación no verbal y los filtros emocionales.
5. Escuchar sin juzgar.
6. Respetar la opinión de nuestro interlocutor.

Para lograr una escucha activa debemos:

1. Crear un clima agradable.
2. Procurar mantener una actitud positiva frente a la escucha.
3. Preparar el tema previamente.
4. Mantener una actitud empática hacia nuestro interlocutor.
5. Evitar la prisa.
6. No pretender cambiar las ideas de nuestro interlocutor.
7. Evitar distraernos.
8. No adelantar conclusiones.
9. Resumir lo que escuchamos para demostrar interés en el mensaje de nuestro interlocutor.
10. Hacer preguntas abiertas para generar un feedback con nuestro interlocutor.
11. Mantener una postura relajada.
12. Controlar los gestos que puedan distraer a nuestro interlocutor.
13. Mantener en todo momento el contacto visual.
14. Demostrar con movimientos faciales que estamos siguiendo el mensaje.
15. Utilizar entradas como “háblame de…”, “cuéntame cómo fue…”

La escucha activa que sale del corazón es la más sublime forma de expresar respeto, cariño, estima y consideración hacia nuestro interlocutor y nos permite completar con éxito todo proceso de intercomunicación.

Espero que me hayan escuchado...


19/11/2018

Creatività e sbornia…



Uno studio recente (che sicuramente farà discutere) afferma che il nostro cervello con qualche bicchierino in più avrebbe una maggiore capacità di risoluzione di problemi (problem solving) attraverso connessioni neuronali più rapide e creative: due “soft skills” oggi molto apprezzate.

Lo studio in questione è stato condotto dal professor Andrew Jarosz del Dipartimento di Psicologia della Mississippi State University, e pubblicato dalla Harvard Business Review.


Un gruppo di studenti dell’ateneo statunitense ha bevuto dei cocktail con vodka a intervalli regolari fino a che il livello di alcol nel sangue non è arrivato a superare la soglia legale.

I giovani un po’ brilli, hanno saputo rispondere alle domande di un test creativo meglio dei compagni sobri. Essi sono stati capaci di fare associazioni di pensiero prima degli altri e hanno presentato soluzioni più fantasiose alle questioni che gli sono state sottoposte.

“Abbiamo scoperto che le persone sbronze hanno risolto da due a tre problemi in più rispetto a quelle sobrie: hanno presentato le loro risposte con maggiore rapidità, entro il limite di tempo di un minuto per domanda, che è forse ancora più sorprendente.”

L’ubriachezza fa perdere la concentrazione e questo lo sappiamo ma giustamente questa perdita di focalizzazione, in un processo creativo, risulta essere un aiuto e non un ostacolo. L’alcol aiuterebbe a liberare inventiva e immaginazione perché calma la mente e aprendo i canali inibitori, renderebbe il cervello più creativo. Quando il nostro cervello si concentra sulla risoluzione di un problema, spesso si blocca e non riesce a trovare altre soluzioni. L’alcol permetterebbe di attingere alla mente inconscia e così di trovare strade alternative.

Lo studio parla di “qualche bicchierino” - (dovuto chiarimento…).





Seguros y felices o inseguros e infelices…


Hasta la adolescencia, la madre, el padre, los abuelos y los educadores, son las máximas figuras de referencia en los niños. De ellos no solo aprenden sino que a través del apego, perciben la indispensable sensación de seguridad tan necesaria para su sano desarrollo emocional. Si logramos transmitirles seguridad emocional, muy probablemente, serán niños felices. La fórmula no nos garantiza el éxito pero debemos poner todo nuestro empeño para lograrlo. Esos niños serán los hombres y mujeres que guiarán nuestras sociedades.

Comunicación

La educación de los niños empieza desde el mismo instante de su nacimiento. El establecer rutinas, pautas, hábitos y hablarles en todo momento a través de un tono sereno pero firme, va a hacer que el niño vaya aprendiendo de nosotros. Respondamos todas sus preguntas, respetemos sus preocupaciones, hagámosle preguntas, sin importar la edad que tengan; quedarán asombrados de sus respuestas. Establezcamos una interacción continua, sincera y respetuosa. Las discrepancias, las contradicciones, causan cierta frustración en los niños. Si debemos dar órdenes, que sean firmes y claras; una a la vez y siempre acompañada de una buena comunicación y argumentación, sin caer en contradicciones.

Inteligencia emocional

Aparte de enseñarles a leer y a escribir, debemos atender también su mundo interior. Lograr que ellos hablen de sus propias emociones les ayudará a desarrollar unas competencias esenciales para el día de mañana, no solo para entenderse a sí mismos, sino también para entender a los demás. Es normal que los niños sientan tristeza, enfado, frustración, ira. Debemos ayudarles a aprender a indagar qué hay detrás de esas emociones, qué sienten y cómo canalizarlas. Muchos niños hoy están enclaustrados en sus propias habitaciones pendientes únicamente de sus computadoras y celulares. Los humanos no nacimos para el aislamiento socio-emocional y mucho menos los niños. Ellos necesitan interaccionar con el mundo. Por ello hay que acostumbrarlos a que hablen de sus problemas y que sepan buscar ayuda cada vez que la necesiten.

Educación social

Los niños conviven en distintos contextos y por eso deben aprender que en todo espacio existen límites y normas establecidas. Si se las dejamos claras y les decimos qué pueden hacer y qué no, integrarán el mensaje de que las cosas no serán de la manera que quieran y cuando lo quieran, siempre. Desarrollar la resistencia a la frustración es fundamental en los niños ya que evita que sean infelices cada vez que no consigan aquello que desean. Los niños deben demostrarnos que son capaces de hacer cosas y que podemos confiar en ellos, es así como irán madurando poco a poco, cuando conozcan sus derechos y sus obligaciones.

Libertad, imaginación y respeto

Cada niño nace con un tipo de personalidad y un tipo de necesidades, intentar cambiarlas es un error. Debemos dejar de lado nuestros sueños y respetar los de ellos. Hay que darles libertad para elegir, respetar sus limitaciones y también valorar sus aciertos y sus fracasos. El respeto y una buena educación deben sancionar lo negativo pero dar oportunidades de mejora, siempre elogiando el esfuerzo por encima del resultado. Debemos fomentar su imaginación, darles distintas oportunidades de aprendizaje, ser guías para enseñarles cosas nuevas en las que puedan inspirarse. Ellos deben tener la absoluta libertad para encontrar su camino, haciéndole comprender que siempre contarán con nuestro apoyo. Evitar que ellos experimenten las dificultades de la vida, es evitar su proceso de maduración.

“Nosotros somos los cuidadores de nuestros hijos, no los propietarios.”

Papa Francisco

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