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08/11/2017

La hora de Matemáticas: ¡¡¡Nooo!!!










No todos los estudiantes tienen la misma aptitud para las matemáticas. Para algunos, es algo natural pero para la mayoría (me incluyo), las matemáticas son a menudo un tema aburrido y temido. 












En mis talleres de Neuroeducación, siempre surge una inquietud sobre cómo combinar diversión con materias que de divertido no tienen nada. Por ejemplo, las Matemáticas.

Nosotros, apasionados educadores, debemos utilizar toda nuestra creatividad para obtener algunas técnicas diferentes e innovadoras que puedan ayudar al cerebro de nuestros alumnos a salir del “Modo Drama” - (“no puedo” – “no lo logro” – “es muy difícil para mí” – “soy bruto para esto”, etc.)

Recordemos que a nuestro cerebro le gusta contextualizar la información que recibe. Entonces…contextualicemos:

1. Apliquemos las matemáticas a los intereses de nuestros alumnos.
Si les gusta el fútbol, ​​podemos enseñarles a usar técnicas de cómo registrar las estadísticas de un partido o de un equipo, cómo calcular los promedios de los goles. Las posibilidades son infinitas. Si les gusta la moda, podemos a través de imágenes o videos de desfiles hacer una infinidad de cálculos (metros de tela utilizados, cantidad de modelos, turnos, accesorios, etc.)

2. Organicemos juegos
Organizar juegos siempre es una estrategia muy eficaz a la hora de enseñar (al cerebro le gusta aprender jugando – no importa la edad). Organicemos una búsqueda del tesoro utilizando las matemáticas. Podemos formar equipos en nuestra clase y hacer pistas con problemas matemáticos. Los equipos tendrán que resolver dichos problemas para lograr alcanzar el deseado tesoro. Es una competencia saludable que solidifica el trabajo grupal. (Inteligencia Emocional).

3. Involucremos a los padres
Pidamos a los padres que asignen a sus hijos tareas diarias y sencillas que involucren las matemáticas. Por ejemplo, calcular los gastos mensuales del hogar, el porcentaje de descuentos en tiendas, el consumo de gasolina, etc. Todas estas actividades ayudan a mantener el elemento matemático activo en el cerebro de los estudiantes de una manera divertida.

4. Utilicemos material en línea.
Internet es una parte inseparable de la vida de todos los estudiantes. Hay mucha información gratuita e innovadora para explicar conceptos que nuestros alumnos encuentran difíciles.

5. Compartamos historias sobre matemáticos famosos.
Descartes, Ptolomeo, Pitágoras, Newton, Arquímedes, Pascal, Russell, grandes pensadores que pueden despertar el interés de nuestros estudiantes en las matemáticas. Podemos pedirles a nuestros alumnos que investiguen por su cuenta tales historias y luego las compartan con sus compañeros en clase.

6. Estructuremos pruebas con errores.
Podemos pedir a los estudiantes que formen grupos y que cada grupo cree una prueba de matemática con algún cálculo errado. Los grupos pueden intercambiar la información y así competir para ver cuál de ellos termina primero la prueba. Incluso, hagamos que formulen preguntas incorrectas para que luego discutan entre ellos qué está equivocado en las preguntas. El desarrollo de preguntas ayuda a nuestros estudiantes a obtener una comprensión más profunda del tema.

Como educadores, podemos cambiar un tema aburrido y transformarlo en un desafío emocionante para nuestros estudiantes. Un poco de paciencia, pasión y creatividad es todo lo que necesitamos para que el recorrido del aprendizaje sea siempre interesante y apasionante para ellos y para nosotros.

Les aseguro que vale la pena.

01/10/2017

Comunicar con seres maravillosos: Los niños…



"Más importante de lo “qué” decimos es “cómo” lo decimos."


1.      Cuando hablemos, coloquémonos a su altura y tratemos de que nos mire a los ojos. Así lograremos su atención. No olvidemos dirigirnos a él siempre con respeto.

2.      Más que decirlo, mostrarlo. El ejemplo práctico es interpretado por el cerebro del niño más rápidamente.

3.      Menos es más. Cuantas menos palabras utilicemos, mejor. El cerebro de un niño es capaz de prestar atención solo por cortos periodos de tiempo.

4.      Lo escrito funciona. El cerebro de un niño cuando lee contextualiza y procesa mejor la información. Dejarle una breve nota para recomendarle (nunca ordenarle) lo que debe hacer es una muy eficiente opción.

5.      Paciencia. Cada cerebro es distinto y necesita su tiempo para procesar la información que está recibiendo. La importancia de las pausas y del silencio en la comunicación.

6.      Seccionar. Una recomendación (nunca una orden) a la vez y lo más específica posible. El cerebro de un niño fácilmente divaga y se distrae. (afortunados ellos…)

7.      Involucrar. Al cerebro le gusta sentirse partícipe, se siente valorado e integrado, su autoestima aumenta y su interés en cumplir con las tareas que se le han asignado será mucho más intenso.

Muchas veces, cuando el niño no nos está prestando atención es porque nosotros no nos estamos dirigiendo hacia él de la manera correcta. 

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